El vino Fondillón es un vino dulce y oxidativo, originario de Alicante, y elaborado principalmente con uva Monastrell sobremadurada en la vid. Hasta aquí todo bien, pero ¿de dónde viene, por qué tiene tanta historia y por qué en España no es tan popular hoy en día?
En pleno siglo XV, tras las conquistas del Imperio Otomano en el Adriático y el Egeo, las viejas fórmulas de elaboración de vino cruzaron el Mediterráneo en busca de nuevas tierras donde elaborarse.
Se cree que el Fondillón desciende de estos antiguos vinos dulces y concentrados que llegaron a Alicante desde el Mediterráneo, adaptándose al clima y a las variedades locales, Monastrell principalmente.
A finales del siglo XV, en España el tema estaba agitado. No existía como país unificado como tal, sino que estaba compuesto por varios reinos independientes, como Castilla, Aragón, Navarra y Granada (último reducto musulmán hasta el fin de la Reconquista y la toma de posesión de los Reyes Católicos). Por otro lado, Cristóbal Colón finalmente llegaba a América, después de 3 intentos fallidos de obtener apoyos para este viaje (el primero en la corte portuguesa y dos más con los Reyes Católicos). Todos lo veían como algo inviable y una locura.

Para seguir contextualizando el entorno donde se desarrolló la popularidad de este vino varios años después, pensad que mientras Velázquez terminaba de pintar Las Meninas y la trascendencia del recién publicado Don Quijote de Cervantes resonaba en la corte francesa, Luis XIV ya mojaba los bizcochos en Fondillón. Por cierto, Miguel de Cervantes participó en la Batalla de Lepanto en octubre de 1571, donde luchó como soldado de la Santa Liga (una coalición cristiana contra el Imperio Otomano, citado antes). Durante el combate, Cervantes resultó herido en el pecho y perdió el uso de la mano izquierda, razón por la cual se le conoce como «el Manco de Lepanto».
Dejando batallitas a un lado, no es casualidad que al Fondillón se le conozca como el «vino de reyes», debido a su larga historia de consumo y aprecio por la realeza y la aristocracia europea a lo largo de los siglos.
Hoy en día, si no tenemos esta perspectiva histórica, es muy difícil que, siguiendo el camino de la cata y la elaboración, podamos llegar a entenderlo. La disminución del consumo de vinos en general, y dulces en particular, hace que ciertos vinos no sean tan demandados, pero ¿no pensáis que tiene sentido beberse este trozo de historia y viajar en el tiempo hasta la entrada del Siglo de Oro español?
Esta joya enológica de MG Wines, edición aniversario, según ellos, «como antesala genera unas expectativas inéditas, trayendo imágenes del pasado. Como cierre, evoca una despedida impecable, generando grandes recuerdos futuros».
