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Joséphine d’Yquem, la mujer que cambió la historia.

Y d’Yquem es uno de esos vinos singulares dentro de una bodega única. No es muy conocido, se elaboran unas 10.000 botellas al año y hay cierta dificultad para conseguirlo. De ahí que sea muy apreciado entre los amantes del buen beber.

Ygrec es el vino seco que elabora Château d’Yquem, con Sémillon y Sauvignon blanc. Ya sabéis que no me gusta hablar de información que se pueda encontrar fácilmente en Google, así que voy a centrarme en la parte histórica de la ecuación. Este vino se elabora desde 1959, pero de forma muy irregular, cambiando ligeramente su estilo, coupage y sin salir al mercado todos los años. Es solamente a partir de 2004 que se tomó la decisión de elaborarlo de forma permanente.

Tuve la suerte de probar la añada 2022 por primera vez en una visita a la bodega en enero de este año, unos meses antes de que saliera al mercado. Tengo que decir que, a pesar de ser uno de esos vinos cuya historia debes conocer previamente para saber qué estás bebiendo, nunca te va a dejar indiferente. En una añada reciente vas a encontrar unas notas cítricas y florales. A medida que pasa el tiempo, la oxidación y evolución van haciendo su papel y surgen aromas de miel e higos; sobre todo por la Sémillon, y esas notas tropicales que aporta la Sauvignon van a pasar a ser más maduras. Es un vino con mucha capacidad de guarda, en cualquier caso.

No puedo hablar de Château d’Yquem sin mencionar a la mujer que le dio protagonismo a esta bodega: Joséphine d’Yquem.

A finales del XVIII veníamos de un periodo marcado por la Ilustración: Descartes, Luis XIV, Newton… La inspiración brillaba por su ausencia y, para colmo, estalla la Revolución Francesa.

Joséphine tenía unos diez años en ese momento, y con algo menos de 17 se quedó huérfana. Tenía a su cargo una bodega que atesoraba su familia desde hacía varias generaciones y que, por aquel entonces, se basaba en una agricultura mixta: bosques, pinares, prados y viñedos.

Esta mujer tuvo la capacidad de transformar un vino familiar en “Château d’Yquem” y hacer de este Sauternes un ícono y símbolo de lujo. Tal es así que fue el único premier cru supérieur en la clasificación de vinos de Burdeos establecida en 1855.

Al alcanzar la mayoría de edad, Joséphine se casó con su vecino de la finca de al lado, Louis-Amédée de Lur Saluces. Sus suegros, la familia de Lur Saluces, tenían mucha influencia en Versalles, y fue junto a ellos que el joven matrimonio decidió dar a conocer el nombre de Yquem en la corte del rey, haciéndoles partícipes del proyecto y embajadores de la marca.

Thomas Jefferson también se interesó por el vino durante su gira por Burdeos en 1787 y encargó vinos para él e incluso para el presidente en funciones, George Washington.

Aunque la historia de Joséphine es muy dura —porque su marido fallecería solamente tres años más tarde al caerse de un caballo, dejándola viuda y con dos hijos—, esta mujer no paró hasta conseguir su objetivo de crear este vino icónico, hasta el último día de su vida.

Si os gusta esta historia, además de disfrutar de d’Yquem en una buena mesa, os recomiendo leer el libro Joséphine d’Yquem: en el origen de un vino legendario. Este libro recorre el viaje de esta mujer visionaria, que sorprendentemente cayó en el olvido. Pero aquí estamos para rescatarlo y comunicarlo.

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