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Los libros que querrás beberte

Por Alejandra Parejo

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Hay algo especialmente íntimo en el momento en el que abres una botella de vino, te sirves una copa y te reencuentras con el libro que tienes a medias. Hay algo especialmente íntimo en ese mundo que creas, en los pocos límites que tiene la imaginación, en ese espacio y tiempo peculiar que es solo para ti. Hay algo especialmente íntimo en la textura de las páginas, el olor de los libros de siempre y la elección de ese mundo paralelo que te abstrae de tu realidad por un ratito.

 

Te abro las puertas de este rincón para que nos sentemos aquí, abramos una botella Brotte Chateneauneuf du Pape La Fiole Rouge y nos sirvamos una copa para compartir los libros que nos bebemos casi sin respirar.

 

Empezaré por contarte que hace muy poco me enamoré de la aparente sencillez de las líneas que construyen la historia de La Isla, un libro de Giani Stuparich. Una historia que narra el último viaje de un padre y un hijo, del silencio que se crea por inercia entre dos personas, de la muerte contada desde la realidad más absoluta sin adornos, sin dramas. Una historia llena de luz, de mar, de paseos en barco y en bici, de conversaciones que no se dan pero se necesitan, de confianza, miedos, confidencias y miradas que sirven para resumir toda una vida.

 

Y a mí, que soy de isla, me conquistó con esas situaciones personales tan difíciles ambientadas en lugares que suelen ser todo lo contrario. Giani Stuparich no nos coloca en una calle a oscuras con lluvia, al revés: huye hacia descripciones del mar, del sol, de rocas o días de calor, de paseos en barco y noches de verano.

 

Este libro lo terminé de leer en la cafetería de La Central, en Callao, en la calle Santa Isabel, 3. Un lugar en pleno centro de Madrid, pegado al caos de Gran Vía, donde viven con absoluta tranquilidad miles de historias por descubrir en todas sus estanterías.

 

Otro de los últimos libros que me han hecho viajar, esta vez hasta 1941, es Ojos azules de Toni Morrison. Un libro en el que su protagonista, Pecola, una niña negra en aquel Estados Unidos injusto, te dará la mano para llevarte por su infancia truncada, por un lado de la vida cruel y un concepto de belleza diferente. Pecola y sus ojos azules que nunca existieron, pero siempre le hicieron libre se quedarán a vivir en ti para siempre cuando termines de descubrir su historia.

 

Toni Morrison nos plantea temas dolorosos que Pecola vivirá con la inocencia de sus once años, de la misma inocencia que acompaña a la aceptación de las circunstancias y de la vida que le ha tocado vivir. Es una lectura que te rompe por dentro, pero a la vez te coloca delante de una realidad que debemos conocer.

 

Si hay un lugar idóneo para leer este libro acompañado de ese runrún de cafetería llena que de vez en cuando uno necesita, es Federal Café en la plaza de las Comendadoras, 9.

 

Y para terminar, te diré que hay algo especialmente íntimo también en el Barrio de las Letras y allí es justo en el lugar que vivo y el escenario de Mujeres que compran flores de Vanessa Monfort. Me llamó la atención su portada porque he pasado muchas tardes justo allí, en El Jardín del Ángel, una floristería que hace esquina en una de todas esas calles especiales de este barrio en el que han pasado tantos escritores.

 

Vanessa Montfort nos cuenta la historia de cinco mujeres que compran flores, cada una para una situación diferente. Una novela con el nivel justo de romanticismo y honestidad, con una realidad que te regalará momentos en los que vas a empatizar con la mayoría de sus protagonistas porque, entre nosotros, probablemente te suene alguna de sus historias. Las cinco mujeres pasan muchas noches en El Jardín del Ángel, abriendo botellas de vino, brindando por las historias pasadas y las que vendrán. Y, desde mi punto de vista, si te apetece navegar por su historia y tienes la oportunidad: ve directamente a su jardín a leer y, de paso, llévate unas flores.

 

Hay algo especialmente íntimo en todas las historias que nos brindan estos artistas, algo de ti y de mí, algo de ellos en cada página. Hay algo especialmente íntimo en poder abrir una hoja en blanco y escribir, en descubrir un libro lleno de páginas que antes estaban en blanco y que alguien decidió un día llenarlas de historias.

 

Alejandra Parejo

 

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