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¿Merece la pena un vino de 100 puntos?

¿Creéis que si os bebéis un vino de 100 puntos os va a cambiar la cara como si bebierais de la copa del Santo Grial? ¿Queréis que os cuente un secreto? El vino perfecto no existe. Es el que siempre estás por probar, como las añadas que nos quedan por vivir y los brindis que queremos compartir. El ideal que es mejor imaginar que beberse.

El vino perfecto, si existiera, es como la persona perfecta. Que no siempre gustaría a todos. Y algo más importante. Y es que, al igual que pasa con las personas, a veces lo que más nos gusta son sus imperfecciones. Como ese amargor que no está en perfecta harmonía… O esa acidez altiva que te obliga a salivar y hace que ese vino alargue su vida en botella. Los hay que prefieren los aromas terciarios desarrollados por el bouquet. A otros nos gusta más el protagonismo de la uva con apenas el maquillaje de la barrica.

 

Hablemos de una añada ejemplar para rizar el rizo. La añada es importante pero no definitoria. Me explico. Es como una persona a la que amas. Si un día está enferma, con pijama y sin duchar no te dejará de parecer atractiva. Estamos de acuerdo que si ese misma chico o chica está bronceado, arreglado para ir a una boda recién salido de la peluquería nos parecerá que está más guap@ que nunca. Un vino que ya nos guste por el cupaje, el elaborador y el estilo de la bodega, si encima es de buena añada aún será más excepcional. Pero eso no quiere decir que en una añada más justita deje de ser nuestro vino preferido.

 

Un vino 10, o con una magnífica medalla, o un Tre Bicchieri (en el caso del Gambero Rosso),o el Indice di Piacevolezza (como puntúa la guía del italiano Luca Maroni) al final es una manera de comunicar efectiva gracias a la metáfora. Es decir, las puntuaciones o medallas aparecen para facilitar la elección al consumidor. Para, ayudar a un comensal que, por ejemplo, no puede entender si un vino que tenga aromas a fruta roja es mejor que otro que los tenga a fruta negra. Y sobre todo, no nos engañemos, nos encantan las listas, los títulos y los rankings.

¿En qué se basan los concursos?

Delante una estantería con múltiples vinos, ¿cuál solemos escoger? Nos ha pasado a todos, aunque no seamos nuevos en esto del vino, que cuando cambiamos de país o lengua, picamos eligiendo el que tiene una medalla que luce más. Para eso están los jurados que conforman estas prestigiosas listas en las que todo el mundo quiere aparecer. Y ¿quién son estos jurados? Pues expertos del mundo del vino como son la prensa especializada, los bodegueros, los sumilleres o los masters of wine…. ¡Y recordad que muchos de ellos catan a ciegas!

Repasemos algunos de los más importantes:

  • International Wine and Spirits Competition (IWSC)

Una de las competiciones más antiguas que tiene su origen en el Club Oenologique fundado en 1969 por Anton Massel.

  • Decanter (nace en el 2004) es la mayor competición atendiendo al número de participantes (más o menos 15.000) organizado por la prestigiosa revista que está presente en más de 90 países.
  • The internacional Wine Challenge organizado por Monde Selection, que es un Instituto Internacional de Selecciones de Calidad formado en Bruselas en 1961. Basa sus puntuaciones en criterios científicos y en análisis sensoriales y está avalado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).
  • El Concours Mondial de Bruxelles nacido en 1994, jurado con 200 especialistas de más de 50 países del mundo: Gran Medalla de Oro, Medalla de Oro y Medalla de Plata.

Atención a Mundus Vinis en Alemania o a los Premios Bachus y a los concursos por variedades como tempranillos y garnachas del mundo. El resultado es un tangible éxito de ventas, ¡porque una medalla siempre es una gran carta de recomendación!

¿En qué se basan las puntuaciones?

El color normalmente es lo que tiene menos puntuación porque si un vino ya no tiene un buen color… ¡imaginaros el resto de la cata! El mayor peso se lo lleva la nariz. Para algunos su originalidad determina una gran puntuación, su harmonía o su coherencia sensorial con sus variedades, zonas o climatología también son puntuables.

Fue en el año 82 cuando un norteamericano acertó en puntuar bien una añada en primeur. Se llama Robert Parker y con su Wine Advocate revolucionó el mundo del vino. Tener un vino en la bodega con 100 puntos Parker era como si ganaras el Óscar. Tener dos, casi ciencia ficción.

Así, Jancis Robinson, Steven Spurrier y Tim Atkin, entre los máximos prescriptores mundiales, nos muestran que al final su opinión -aún siendo personal- marca las tendencias de consumo.

Otros como Peñín, Guía Proensa, Guía de vinos Gourmet, Wine Spectator (fundada en 1976), Wine Enthusiast (con más de 80.00 lectores en todo el plameta), Wine & Spirits Magazine (que tiene ocho números cada año) y aparte de hacer el top ten de vinos también lo hace con bodegas y restaurantes son importantes referencias a tener en cuenta por las valoraciones que hacen de los vinos..

Entonces, ¿qué vino es el mejor?

Depende del precio y de la moda. Pero al final el mejor vino es el que a ti te llega al alma.

 

Meritxell Falgueras

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