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Menos litros, más euros: por qué sube el precio del vino

Dos estantes del mismo supermercado, con un año de diferencia.

En el primero había doce referencias por debajo de cinco euros. En el segundo quedan ocho, y las que han sobrevivido han subido lo justo para que uno se dé cuenta al pasar la tarjeta.

Nadie ha anunciado nada. No ha habido comunicado, ni una helada memorable, ni una añada catastrófica que lo explique.

Y sin embargo la pregunta se repite en cada sobremesa: por qué sube el precio del vino justo ahora, cuando todos los titulares repiten que se bebe menos que nunca. La intuición dice que si sobra producto, el producto debería abaratarse. El mercado lleva tres años demostrando lo contrario con una terquedad casi ofensiva.

La explicación no está en el viñedo. Está en la aritmética.

Los números: se bebe menos vino en casi todo el mundo

La Organización Internacional de la Viña y el Vino cerró 2025 con una cifra que conviene leer despacio: el consumo mundial se quedó en 208 millones de hectolitros, un 2,7 % menos que el año anterior y el nivel más bajo desde 1957. No es un bache. Es el séptimo descenso consecutivo: desde 2018 el mundo bebe un 14 % menos de vino.

España no es una excepción, es un caso de manual. Según el balance de la Interprofesional del Vino de España para la campaña 2025/26, el consumo interno cayó un 6,3 % hasta los 9,25 millones de hectolitros: 627.374 hectolitros que simplemente dejaron de beberse. Casi el equivalente a vaciar de golpe un año entero de una denominación mediana.

El mapa del descenso
Consumo mundial 2025
208 Mhl (−2,7 %, mínimo desde 1957)
Caída acumulada desde 2018
−14 %
Consumo en España 2025
9,25 Mhl (−6,3 %)
Producción española
33 Mhl (−10,3 %)
Existencias en bodega
47 Mhl (−5,6 %)
Exportación mundial
94,8 Mhl por 33.800 M€

Hasta aquí, el relato conocido: el de la crisis. Es el que ocupa los titulares y el que ya contamos con detalle al analizar cómo está cambiando el consumo de vino en España.

Lo interesante empieza en la columna de al lado.

Por qué sube el precio del vino aunque se venda menos

En el primer semestre de 2026, España exportó 11,25 millones de hectolitros, un 20,2 % menos que un año antes. Una sangría. Pero los ingresos por esas exportaciones solo bajaron un 10,2 %.

La mitad del volumen perdido no se perdió en la caja. Se recuperó en el precio: el litro exportado pasó de rondar 1,23 € a 1,39 €, un 12,6 % más caro en doce meses. Incluso el granel, el vino más anónimo del mercado, subió un 10,5 %.

Ahí está la mecánica completa. Lo que ha desaparecido no es «el vino»: es el vino barato. Las cajas que viajaban a Italia, Francia o Alemania para acabar en un tetrabrik sin nombre, el litro de mesa que se compraba por costumbre y no por deseo. Ese segmento tenía márgenes de céntimos y ha sido el primero en evaporarse cuando la inflación obligó a elegir.

Al retirarse el suelo del mercado, la media sube. No porque cada botella cueste más, sino porque las botellas que quedan son otras.

El vino no se encarece a pesar de que se bebe menos. Se encarece porque lo que se ha dejado de beber es, precisamente, el vino que sostenía los precios bajos.

A esa contracción por abajo se suma una presión por arriba que no aparece en los titulares: viñedo que se arranca, cosechas cortas —la producción española cayó un 10,3 %—, costes de vidrio, transporte y mano de obra que no han vuelto a los niveles de 2019, y unas existencias que bajan un 5,6 %. Menos vino almacenado significa menos colchón para absorber una mala añada. Y menos colchón, antes o después, significa precio.

Por qué sube el precio del vino: copa de tinto a contraluz sobre mantel de lino
Menos veces, mejor elegido: el patrón que explica el mercado del vino en 2026.

Qué significa para la botella que eliges

Hay una lectura pesimista de todo esto y la he escuchado muchas veces: el vino se está convirtiendo en un lujo y se aleja del día a día.

Creo que es una lectura corta. Lo que muestran los datos no es una fuga hacia el lujo, sino el final de una anomalía. Durante décadas hubo en el mercado un volumen enorme de vino que no aspiraba a gustar a nadie: existía porque era barato y porque se bebía por inercia. Esa inercia se ha roto. Lo que queda son botellas que tienen que justificar por qué están sobre la mesa.

Para quien compra, el cambio práctico es medible. El salto de calidad entre una botella de cuatro euros y una de ocho es enorme. El salto entre una de treinta y una de sesenta suele ser mucho más discutible, y ahí es donde el mercado cobra la marca y la escasez más que el vino —algo que se ve con claridad al mirar cómo se forman los precios en Burdeos—.

La franja media es la que más ha ganado en estos años. Denominaciones que antes vivían a la sombra de sus vecinas ilustres —Santenay en Borgoña, Vacqueyras en el Ródano, Sancerre en el Loira— hoy ofrecen por veinte o treinta euros lo que hace una década exigía el triple. No porque se hayan abaratado, sino porque el comprador ha aprendido a mirar más abajo en la etiqueta y más arriba en la calidad. Es la misma corriente de fondo que recorre las tendencias del vino en 2026.

Se bebe menos. Se paga algo más por litro. Y por primera vez en mucho tiempo, las dos cosas tienen el mismo sentido.

Vuelvo al estante del principio. Es verdad que hay cuatro botellas menos por debajo de cinco euros. También es verdad que ninguna de aquellas cuatro habría dado conversación para una cena entera. Por eso la pregunta de por qué sube el precio del vino acaba siendo otra: no cuánto cuesta la botella, sino cuántas veces al mes merece la pena abrir una que sí.

Tres botellas donde el precio tiene sentido
Vacqueyras Rouge 2022 Bouvencourt, vino del Ródano

Vacqueyras Rouge 2022 «Bouvencourt»

La demostración más barata de la tesis: garnacha del sur del Ródano con la densidad de un Châteauneuf vecino y sin su apellido. Veintidós euros bien colocados.

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Domaine Delaporte Silex Blanc 2023, sauvignon del Loira

Domaine Delaporte Silex Blanc 2023

Sancerre de suelo de sílex, con esa tensión mineral que no se fabrica. Lo que antes pedía una etiqueta célebre para conseguirse.

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Santenay Rouge 2022, pinot noir de Borgoña

Santenay Rouge 2022

Pinot noir de la Côte de Beaune por menos de cuarenta euros. En Borgoña, eso ya no es una ganga: es casi una rareza.

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