Château Figeac 1983 se expresa hoy desde la madurez y la complejidad terciaria. La fruta roja seca y la mora se mezclan con hierbas, hoja de tabaco, tierra húmeda, piedra y sotobosque, formando un conjunto más matizado que intenso.
La boca es de cuerpo medio, suave y pulida, con taninos sedosos y una frescura todavía capaz de ordenar el recorrido. Un discreto carácter mineral prolonga el final y recuerda el origen en las tres lomas de grava de la propiedad. No posee la amplitud de 1982, pero ofrece una lectura más contenida, terrosa y clásica, con una evolución muy integrada.
Esta cosecha pertenece al periodo en que Thierry Manoncourt dirigía la finca y consolidaba un estilo basado en el perfume de los cabernets, la precisión y la longevidad. A más de cuarenta años de la vendimia, el estado de conservación resulta decisivo; las mejores botellas muestran delicadeza, armonía y una notable riqueza de matices.


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